Fudi, de symbiotiq
Que la comida se vea antes de que la pidan.
El menú de tu restaurante en video y un asistente que toma la orden desde el celular del comensal. Lo que pidió llega completo a tu estación, sin que nadie lo recapture.
El recorrido de una orden
Lo ve
Cada platillo ocupa la pantalla completa
Con su video de tres segundos, sin audio, y el color de tu restaurante alrededor. No es una lista con fotos chiquitas: es la comida, y todo lo demás se quita de en medio. El comensal ya vio de qué tamaño viene el corte antes de decidir.
Lo pide
Un asistente lo lleva por la carta
Entradas, fuertes, bebidas, postres — y el complemento se ofrece justo después de que dijo que sí, que es el segundo en que se acepta. Cada quien pide desde su propio celular y con su nombre, así que la cuenta sale dividida por persona y sumada.
Llega a tu estación
El salón entero en una pantalla
Qué lleva pedido cada mesa, por persona, con el término del corte y el «sin cebolla». Tu mesero deja de recapturar en el punto de venta lo que el comensal ya escribió, que es justo donde se pierde el detalle que arruina un plato.
Lo que Fudi no hace
Va aquí y no en la letra chica, porque son las tres preguntas que se hacen antes de firmar.
No te cobra el consumo.
Fudi te da el número —dividido por persona y sumado, calculado con lo que de verdad se pidió— y tú cobras con la terminal que ya tienes. Ponerte una pasarela de pago sería pedirte que cambies de banco para poder usar el menú.
No reemplaza tu punto de venta.
No se conecta a tu sistema y no te pide cambiarlo. Lo que hace es que lo que se teclea en él llegue bien.
No filtra reseñas.
A todos se les ofrece dejar reseña en Google, hayan calificado bien o mal. Mandar solo a los contentos se llama review gating, va contra las políticas de Google, y a quien penaliza es a tu ficha — no a nosotros.
No te prometemos un número. Te lo medimos.
Qué platillos se vieron y no se pidieron. Qué sugerencia se ofreció y se rechazó. En qué paso se quedó quien abandonó. Tu panel lo muestra desde el primer servicio, con el ticket promedio por comensal y cuánto de él vino de los extras.
El día que te digamos que el ticket subió va a ser tu número, y vas a poder verlo tú mismo.
Cómo entramos
La carta la capturamos nosotros la primera vez.
Cuarenta platillos con precio, descripción, foto y categoría son horas de trabajo, y una carta a medias se ve como un producto roto. Después la mantienes tú: cambiar un precio o agotar un platillo es un toque desde tu panel, incluso a media noche.
A tu mesero le enseñamos una sola pantalla.
La de comandas. Es la que le quita trabajo, y una capacitación de una pantalla es una que sí se aprende en un turno.
El primer servicio lo acompañamos.
Ahí parados y callados, viendo dónde se atora la gente de verdad. Eso no se descubre en una demo.